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Perfil: Servicios Aéreos "Santa Ana" - SASA
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Historia
Servicios Aéreos “Santa Ana”
fue una empresa carguera mediana que operó por doce años entre 1982 y
1996. Funcionó casi exclusivamente con modelos Convair CV-440,
adquiridos de varias fuentes.
El
primero de sus aviones fue un CV-340-70 registrado como CP-1755, esta
nave se estrelló en Junio de 1983 en el Beni.
Su
segunda aeronave fue un CV-440 (CP-1961) adquirido a mediados de los ochentas
a la empresa
Transalfa y
siniestrado en 1992, en las cercanías de Cerro Colorado en La Paz. Otra
fuente indica que el accidente fue al chocar con la montaña Chacaltaya
en ruta hacia Santa Ana de Yacuma, las causas del accidente siguen
siendo un misterio falleció en este trágico accidente el piloto Walter
Ballivián.
>>>>>>>>>>Respete
los derechos de autor<<<<<<<<<<
El
CP-2142 fue su tercera aeronave, construido como una versión CV-340-48,
operó con KLM como PH-TGG “Nicolaas Maes” desde Octubre de
1953 hasta Marzo de 1987. Ese año fue importado por
Frigorífico Reyes
con quien operó hasta Agosto de 1993 cuando fue vendido a SASA y
bautizada como “Sergio”. Esta nave se estrelló el 22 de Mayo de
1995 cuando aterrizaba de emergencia debido a una falla de motor en la
pista de San Borja.
Una
cuarta aeronave que nunca llegó a materializarse en Bolivia fue un
CV-440-40 ya registrado como CP-2256 pero destruido en 1993 en ruta de
Perú a Bolivia, el la zona de Colquemarca. Esta nave tenía el registro
de OB-T-1326 con la empresa Aeronorte. Los pilotos que la
transportaban detectaron unas dos horas después de salir de Lima que el
compás de la nave había sido dañado, ante la imposibilidad de cruzar la
cordillera con seguridad y la inhabilidad de asegurar su posición, se
vieron forzados a aterrizar en campo abierto.
Para
1996 la empresa fue comprada por Elias Nacif y renombrada
NACIF Transportes Aéreos.
Revista Volar - Edición Única
Un Vuelo Para el Recuerdo
Autor: Rafael Herrera
Extraído de la revista GEO, el siguiente reportaje, muestra las
facetas más destacadas y comunes de la aviación denominada
“carnicera”, en Bolivia. Walter Ballivián (que murió poco después de
realizada esta nota), el último de la primera promoción de pilotos
civiles bolivianos, cuenta sus anécdotas a través de un viaje con el
periodista Rafael Herrera y la cámara de Miguel Bergasa, de la
prestigiosa revista.
El viejo aparato -un Convair CV-440 fabricado en 1942- se eleva
sobre la Cordillera Andina. Ha despegado de La Paz y se dirige al
Beni. El transporte por carretera desde los centros ganaderos
encarece demasiado la carne y éste es el medio ideal de transporte.
Con estas máquinas decrépitas, cada vuelo supone un riesgo mortal,
pero el suministro aéreo resulta rentable.
Los vimos desde el taxi que nos sacaba del aeropuerto. Eran viejos
aviones de hélice - Convair CV-440, Curtis C-46, Douglas C-54 -
aparentemente abandonados entre los yerbajos colaterales del campo
de aviación. Pensando en voz alta dije:
–Chatarra para desguace.
–Carniceros– aclaró el taxista.
Con más de 40 años de vida, aquella chatarra volaba cada día por
carne o cualquier cargamento, a varios lugares de Bolivia: ida,
carga, vuelta, descarga. Al taxista, Edgar Veneros, este trajín le
pareció un buen tema para acompañar la bajada desde El Alto de La
Paz:
- Una vez, un carnicero de vuelta perdió un motor. Soltó la carne
sobre los barrios pobres de la capital y consiguió aterrizar el
avión sin dañar a nadie. Por esa hazaña lo condecoraron. Más tarde,
en el bar del hotel Crillón, nos presentaban a un piloto de aviones
carniceros. A los 55 años y con más de 25.000 horas de vuelo, Walter
Ballivián, último superviviente de su promoción, seguía volando de
La Paz al Beni en aviones con cuatro décadas largas en las alas.
Concertamos acompañarle en la ruta, al tiempo que escuchábamos sus
aventuras, como la “panzada” en la pista polvorienta de San Borja
con un motor averiado:
- Falló el sistema para sacar el tren de aterrizaje (“boquichi quedó
la palanca”, dijo el copiloto después de intentar forzarla).
Mientras dábamos vueltas para quemar combustible, abajo se
concentraba la gente que ya sabía lo que nos pasaba y adivinaba lo
que nos podía pasar. También los heladeros, vende tortas, fotógrafos
y toda clase de orates y comerciantes.
Cuando decidimos aterrizar porque los tres pasajeros se estaban
poniendo nerviosos (aún el copiloto pidió un tiempito “esperá hombre
que se reúna más público”, pues nos fuimos al panzazo nomás, y aquí
estamos.
Walter Ballivián nos llevó al Beni en un Convair de 1942. Era, nos
dijo, un vuelo de rutina. Atravesamos la cordillera con visibilidad
cero por Cerro Colorado con el Huayna Potosí - la segunda cumbre
después del Illimani, en las proximidades de La Paz. Con la ayuda
del VOR, tomó el rumbo y enfiló el paso entre las nubes.
- Ya no se hacen vuelos con reloj porque eran realmente suicidas.
Para llevar suministros a los buscadores de oro de Tipuani y Comoro,
en la selva amazónica fronteriza con Brasil, teníamos que atravesar
unos cañones porque unas quebradas siempre cubiertas de nubes y
nieblas con la única ayuda de un cronómetro para control del avión.
La distancia del ala a los cerros era inferior a 200 metros. Se
hacían maniobras y virajes que debían durar segundos y, a la vuelta,
invertíamos los cálculos. Volábamos así hasta siete veces por día.
Muchos pilotos abandonaban. Curiosamente, sólo hubo un choque con
los cerros.
No se veía un “carajo” alrededor, y aquel viejo aparato vibraba como
para desintegrarse. A voces, le preguntamos por qué volaban en estas
condiciones.
- Es, digamos, una confluencia de intereses. Al dueño de la carne le
conviene porque sale bien por el aire. Al propietario del avión,
porque es su negocio. Yo me gano veinticinco dólares por hora y
ellos (copiloto y mecánico), más o menos.
Hubo un silencio bajo el trepidante runrún de los motores y los
quejidos del añoso aeroplano, que rompió el capitán Ballivián para
mostrarnos algo:
- Aquí se tiene que ver los restos del accidente que, el año pasado,
costó la vida al hermano de Quiroga - señaló- De los nueve que
salimos en la primera promoción de pilotos civiles de Bolivia, siete
murieron en accidente, uno nunca voló y sólo quedo yo. Esta era una
profesión romántica, heroica y bien mirada por las mujeres. Ahora
vuela cualquiera que sepa manejar un computador.
Sobrevolamos Santa Ana. De aquí a la Estancia Palmira, hay ocho
horas por carretera. El capitán nos mostró desde el aire la estancia
de Suárez, el ex-rey de la coca boliviana, ahora detenido. Y, en
otro tramo, el lugar donde una vez tuvo que aterrizar con un motor
ardiendo, una pista trabada con troncos por la guerrilla del Ché.
El sol ardiente reventaba en colores sobre lagos, ríos y pantanales.
La luz reflejada en el verde sin límites de la selva dañaba la
vista, bajamos, sintiendo la sensación de caer al vacío, a la pista
de la Estancia Palmira. El veterano Convair apenas cabeceó antes de
tocar tierra, pero la carrera de frenado nos sometió a una dura
prueba de vibración ante la indiferente mirada del ganado. Antes de
salir, Ballivián nos arrojó cervezas.
- Que nadie beba agua o las amebas le comerán las tripas.
Afortunadamente tenemos suficiente cerveza.
Isaac, el mecánico, abrió la puerta y 48 grados de sofocante calor
húmedo y penetrante hasta los huesos nos envolvieron por completo.
Tras regresar al patio de la Estancia después de refrescarnos, el
asado ya estaba en la parrilla. El capitán, el copiloto - al que
llamaban “Pajarito”- e Isaac nos esperaban para jugar al cacho,
póquer boliviano que castiga las pérdidas con tragos adicionales.
Jugábamos, bebíamos y comíamos asado de vaca y chancho con arroz y
verduras. Cuando nos fuimos a dormir, a las nueve de la noche, 40
botellas de cerveza no habían aplacado la sed provocada por la cena
y el insoportable calor del Beni.
A las doce comenzó el carneo. Las veintitrés vacas estaban ya en la
cerca de la muerte. El método de sacrificio era, aparentemente,
sencillo y rápido. Pero la impericia de los peones convertía el acto
en una procelosa tortura. Con el animal inmovilizado, la operación
se limitaría a un simple golpe en la nuca. Pocas veces lo conseguían
en menos de diez. Los peones cantaban cada número burlándose del
incompetente matarife.
Amanecía cuando los peones terminaron de cargar el avión con los
4.000 kilos de carne que era capaz de transportar. A las cinco y
media, el Convair comenzó a arrastrarse penosamente levantando
remolinos de polvo.
- El despegue con carga es el momento más peligroso- dijo el
capitán.
El peso de la carne, apilada en medio de la cabina, nos anclaba al
suelo. Con un acelerón, nos elevamos. A medida que ascendíamos, el
sorojchi, nos deprimía por la falta de oxígeno.
El avión se descarga siempre a pie de pista. La carne es trasladada
en camionetas a la capital para su venta en el día. Hígados,
corazones, patas y cueros se arrojan junto al avión. Las cholas
pujan unos pesos para llevarse lo que luego venderán en las veredas
de la calle Buenos Aires. Un mozo limpia con una manguera los restos
de sangre y sebo en el piso de carga del avión. El mecánico
comprueba su lista para conseguir las piezas de otros abandonados en
el aeropuerto.
Bajamos a La Paz con el capitán comentando el futuro de las cuatro
empresas de vuelos carniceros (SASA, La Cumbre, El Alto, Quiroga),
cada vez menos rentables desde la llegada de camiones frigoríficos y
la competencia desleal del ejército, que puede cargar hasta 10.000
kilos en los Hércules y vender a precios más bajos.
- La verdad es que la aviación carnicera se muere. Había más de
veinticinco empresas y quedan cuatro, con un avión cada una.
Cualquier día si no me mato antes, me quedaré sin trabajo.
____________________________________
Walter Ballivián murió el 21 de Agosto de 1.992 cuando maniobraba la
aproximación a La Paz en medio de un fuerte temporal. Fallos en la
comunicación y el sobrepeso de carga y pasaje fueron las causas. Con
él falleció la tripulación –el copiloto Guillermo Choque Quispe y el
mecánico Guillermo Saavedra Pérez– y también los seis pasajeros que
se encontraban a bordo.
"Reconocemos en Walter el valor del piloto de esa época, amigo de
muchos y enemigo de nadie. El recuerdo es lo poco que tenemos con
nosotros, pero será lo que más tardaremos en perder."
Aeronaves
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Nombre de la Empresa: |
Servicios Aéreos "Santa Ana" - SASA |
Actualizado: 03/18/08 |
|
Aeronave |
Registro |
C/N |
Estado |
Alta |
Baja |
|
Convair C-131B-CO |
CP-1755 |
246 |
W/O |
01/04/1982 |
19/06/1983 |
|
Notas:
Ex N8527A, siniestrado en el Beni |
|
Convair CV-440-80 |
CP-1961 |
405 |
W/O |
- |
21/08/1992 |
|
Notas:
Ex N2954J, ex
Transalfa, siniestrado
en aproximación a El Alto, fallecieron tres tripulantes y
seis pasajeros. |
|
Convair CV-131B |
CP-2026 |
249 |
ACT |
ca.1994 |
- |
|
Notas:
Ex USAF 53-7797, Ex
CAT, activo. |
|
Convair CV-340 |
CP-2142 |
120 |
W/O |
01/03/1987 |
22/05/1995 |
|
Notas:
Ex XA-LOU, PH-TGG, Siniestrado en San Borja. |
|
Convair CV-440-40 |
CP-2256 |
447 |
W/O - NR |
- |
14/09/1993 |
|
Notas:
Ex N440AD con Airways
International hasta 1988, Ex
OB-T-1326 con Aeronorte,
destruido en vuelo de entrega. |
Fotografías
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En 1986
esta nave operaba para Airways International de
Miami, nunca llegó volar para S.A. Santa
Ana. aunque si fue registrada como CP-2256 para su
importación. (Foto cortesía Werner Fischdick collection) |
CP-1961 en los años noventa, nótese que el esquema de
pintura es idéntico al de Airways International
heredado de sus días en Transalfa.
Sería modificado al poco tiempo. (Foto: autor desconocido cortesía AirlineHobby) |
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Otra
toma del CV-340 CP-2142 de SASA. (Foto cortesía Werner Fischdick
collection) |
El CP-2142 en 1994.
(Foto cortesía Peter Garwood, "Propliners...") |
|
.jpg) |
.jpg) |
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Cuando
el CP-2256 se accidento en ruta de Perú a Bolivia
-Colquemarca- ya había cambiado los colores de su esquema de
pintura. (Foto cortesía Ferrostaal)
|
Es
curioso que esta aeronave también procediese de Airways
International, por lo que es posible que aun en Perú,
conservase algún nexo con EE.UU. (Foto cortesía Ferrostaal)
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Imágenes del documental Carniceros del Aire
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Imagen
congelada del documental Carniceros del Aire, producido en
1992 por ITP S.L y transmitido en Bolivia por TVB. Se pueden
observar los últimos chequeos antes de que parta el avión.
Todas las imágenes que siguen son del CP-1961. (Video
cortesía Ferrostaal)
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En la
fase inicial del taxi a la cabecera de la pista.
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Otro
ángulo de la nave. |
Doblando para iniciar la carrera por la pista. |
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El
avión de Ballivián sobrevolando la cordillera por el sector
de cerro Colorado. |
Acercamiento a la cabina mientras surca los cielos sobre la
cordillera. |
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Aterrizando en la estancia para recoger la carga.
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Aterrizando en El Alto en el vuelo de retorno, nótese que
uno de los motores esta apagado. |
Feedback:
Un nuevo amigo y colaborador del sitio
web, el señor Erich Kierig, nos envía el siguiente e-mail y
fotografías:
Monday, September 29, 2008
8:09 PM
Estimado Jonathan:
Aquí te mando dos fotos más, esta vez del CONVAIR CV-440-80, CP
- 1961 de Servicios Aéreos Santa Ana. Este avión lo fotografié
en El Alto, no me acuerdo exactamente en que fecha, pero un
tiempo después encontré la noticia de su caída en la cumbre en
el periódico. El recorte todavía lo tengo. Posteriormente, tuve
la oportunidad de ver el documental español del Capitán
Ballivián, cosa que me tocó mucho pues fue una forma de
acercarme a la personalidad de este piloto. En fin, fue una pena
lo que pasó. Bueno, espero te gusten las fotos, te mando un
saludo y estamos en contacto.
Erich Kierig
|
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.jpg) |
|
CP-1961, puede leerse el nombre "Roly" en el
fuselaje, identificación previamente desconocida. (Foto cortesía
Erich Kierig Calvo) |
Detalle del logotipo de cola de los aviones de SASA. (Foto
cortesía Erich Kierig Calvo) |
Igualmente agradezco enormemente a Ferrostaal por haberme
regalado una copia del documental del que hablamos, espero poder
colocarlo en el sitio web o por lo menos en YouTube, realmente vale
la pena.
Actualizado: 29/OCT/08
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Datos Básicos:
IATA: N/A
ICAO: N/A
Callsign: N/A
Fundada: 1982
Oficina Central:
La Paz
Contacto:
N/A
Directivos (Histórico):
N/A
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