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Relato del un
Vuelo en Saratoga
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Texto: Ferrostaal |Fotos: JRO


“Con que
desprecio se mira la tierra cuando uno camina por los cielos”
(Raúl Peró / Crónica del primer vuelo comercial del LAB 1925)
Introducción
Esta
es una breve crónica de lo que fue un vuelo inolvidable que
realizamos sobre Santa Cruz en esta aeronave con algunos amigos y
miembros del foro. Intentaremos describirlo de la forma más
cronológica posible para no descartar ningún detalle ni anécdota que
existió. Por lo cual, le invitamos cordialmente a que disfrute de
estos párrafos que pretenden ser una especie de reporte de vuelo.
Domingo 10/01
El domingo 10 de
enero llegue a Santa Cruz en un vuelo comercial de TAM procedente de
Sucre, aproximadamente a las 14:15, fue un vuelo en BAe-146 sin
sobresaltos pese a ciertos “Charlie Bravos” por los cuales nos
tuvimos que desviar levemente del curso, de cualquier manera el vuelo
difícilmente sobrepasó los 35 minutos de duración.
Siendo ya de noche
cuando llego a Santa Cruz, visito al Capitán Andrés Deheza; un amigo
acérrimo del hobby aeronáutico, recibo un cálido recibimiento por el y
otros amigos que forman el “Equipo de Charlie” de Santa Cruz. Entre los
temas abordados –entre los cuales la aviación es el denominador común-
hay un asunto que ha estado ocupando nuestras cabezas durante las
últimas semanas: un posible vuelo en un Piper Saratoga.
Esa misma noche
inspeccionamos el avión y observamos en tierra toda la galanura que
denota el Piper Saratoga con la consiguiente elegancia para efectuar el
vuelo: es un avión tan solo con unos años de vida y que recién fue
adquirido por la empresa Aeroeste, siendo su matricula CP-2566
registrada a mediados de 2009. La nave reemplaza al antiguo Saratoga
(CP-2003) de la empresa, el cual fue vendido al Cap. Richard Ponce. En
medio de la noche y ambiente aviador cruceño, todavía se escuchaban las
pruebas de motores que efectuaba Aerocon a uno de sus Metro III
localizados un par de hangares más al sur –este audio hacia más amena la
visita en la hora nocturna.
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El capitán Andrés
nos mostró el interior del Saratoga, que según confesó le apasiona
volar, ingresé y el primer detalle que noté es que todavía se puede
sentir el olor a nuevo, los asientos son mejores y mas cómodos que
cualquier otro avión privado que yo haya visto en SLET. El Cap. me
invita a la que seria mi plaza en el vuelo, es decir, el asiento de
copiloto, donde pude apreciar los instrumentos, los headsets, el GPS, y
otros sistemas de navegación propios de esta aeronave.
Con la emoción
reinante de visitar el avión en que volaríamos y podríamos disfrutar,
nos marchamos de las instalaciones de Aeroeste mas ilusionados y ya
planificando el vuelo (aún posible) para el día jueves de esa semana, el
que no se podría llevar a cabo por temas de disponibilidad y trabajo por
nuestra parte.
Pero el backup para
el vuelo era el fin de semana, el cual habíamos considerado y ya se veía
definitivo.
Es de esta forma,
que transcurre la semana del 11 al 16, y nuestro siguiente objetivo fue
llenar las 5 plazas existentes en el Saratoga para que el vuelo nos
resulte mas económico, hubieron personas que nos confirmaron su
asistencia y al mismo tiempo otros desistieron por diferentes motivos
aceptables, de cualquier manera logramos cubrir las 5 plazas para el
vuelo y todo estuvo listo el día antes.
Los participantes
del vuelo:
PA-32 Saratoga HP II
1. Cap. Andrés
Deheza (Piloto)
2. Agustin Fernández
3. Oscar Chávez
4. Luis Carlos
Chávez
5. Daniel Sangüeza
6. Jonathan R.
Olguin
Un día antes del
vuelo 15/01, el gerente general de Aeroeste Dr. Monasterios nos citó a
las 16:00 donde tendríamos que dar un anticipo para el vuelo,
posteriormente nos dijo que no hacia falta y que podríamos pagar al día
siguiente o antes del vuelo. Entre la gente que iba a tomas el vuelo,
quedamos en encontrarnos a las 9:00AM del sábado 16 en la moderna
terminal de Aeroeste, el cielo cruceño matizado de ligeras nubes cirrus
auspiciaba un buen tiempo para el día siguiente mientras el sol
descendía en el horizonte.
Sábado 16/01
Pese a todos
nuestros buenos deseos de un buen clima, madrugada antes del vuelo
llovió veraniegamente sobre la tierra cruceña, y en cierta forma pensé
que eso afectaría nuestro plan de vuelo, pero precisamente fueron los
aeroplanos operando lo que me despertaron a las 7:30AM del sábado, es
decir, que Trompillo no estaría en “mínimas” y eventualmente volaríamos.
Un par de minutos
después, tomo un taxi con rumbo a la terminal de Aeroeste cuya
instalación no esta en terminal comercial del Trompillo, sino adjunta a
su hangar (82) por lo cual hay que andar 6 cuadras al sur de la Terminal
de Trompillo.
Ahí Me encuentro con
el Capitán Andrés Deheza y asombrosamente todos los pax llegan
minutos después, fue así como confirmamos la lista de pasajeros y demás
preámbulos legales para efectuar del vuelo, una vez mas el Dr.
Monasterios nos sugirió efectuar el pago del vuelo cuando hayamos
aterrizado, demostrando una vez más su confianza en nosotros, un buen
detalle para notar.
El
EMB721D
SERTANEJO (Piper PA-32 II
Saratoga) ya se encontraba en la plataforma de Aeroeste esperando a
sus dichosos pasajeros, tan pulcro y elegante como se lo ve en las
fotos, lo habían puesto a punto para nuestro vuelo y en ese momento se
encontraban limpiándolo y eliminando los rastros de agua de un breve
lavado que le dieron antes. Lo vimos así mientras tomábamos café en la
sala de preembarque.
Todo el trámite fue
realmente rápido, escogimos pasar por el hangar, en medio de dos Let 410
Turbolet y un Aerocommander que son las aeronaves con las
cuales opera Aeroeste a cualquier punto de Bolivia y países fronterizos.
Llegamos al Saratoga
y el Cap. Andrés comenzó a posicionar los pasajeros según el peso y
balance contemplado en el plan de vuelo, yo me quedé atrás sacando un
par de fotos de la operación cuando el Capitán me llama para tomar mi
turno de “copiloto” y me dice que me apresure para tomar mi posición en
la cabina de comando del Saratoga.
El plan de vuelo
contemplaba despegar de SLET y virar con rumbo este para llegar a la
población de Pailas y sobrevolar sus largos puentes sobre el río Grande,
posteriormente tomar rumbo noroeste hacia el aeropuerto internacional de
Viru Viru (SLVR) para hacer un toque y despegue, dirigirnos al Barrio
del Urubó en Santa Cruz y sobrevolarlo hasta llegar a la población de La
Guardia, la zona de lomas de arena y posterior final largo de vuela en
el aeropuerto el Trompillo, el vuelo duraría aproximadamente una hora.
Una vez que todos
estábamos sentados en el Saratoga, el Cap. encendió los giros y
generadores del avión, me recomendó colocarme los headsets de
comunicación y luego completamos un breve before start check-list
para verificar el correcto funcionamiento de todos los instrumentos,
posteriormente encendimos el motor Lycoming a tiempo que el Capitán
pedia permiso para rodar al umbral de la pista.
Aprobado el rodaje,
nos dirigimos al norte con rumbo a la pista 15 que estaba activa en ese
momento. Antes de llegar al umbral hicimos un before takeoff
check-list, prueba de auriculares y una breve prueba de motor, luego
nos autorizaron a despegar.
Ingresamos en pista
y el capitán dio potencia al motor del Saratoga. Ya que veníamos
pesaditos por ser 6 personas el Saratoga y combustible para dos vuelos,
el avión paso de largo un buen trecho de pista antes de despegar… y
ascendimos: positive climb y gear up, con posterior viraje
al este como contemplaba el plan de vuelo, ya se podían sentir las
gravedades y la sustentación ayudada con el viento empujándonos hacia
arriba.
Nos autorizaron
nivel de vuelo para FL025 y una vez que llegamos a ese nivel crucero,
tuve la oportunidad de sentir los comandos del Saratoga brevemente
mientras viraba con dirección este, sentí la emoción y la sensibilidad
de los comandos en mis manos de este aeroplano complejo, quizás un sueño
hecho realidad o un mero vaticinio de mi futuro por que en esta vida
saturada por los deberes, no se tiene siempre la oportunidad de volar un
avión y menos un Saratoga. Después de esa experiencia me puse a sacar
fotos por que ya nos aproximábamos a los puentes de Pailas que se veían
en frente de nosotros.
Los sobrevolamos y
comenzamos a virar a la derecha.
Cuando habíamos
pasado los puentes, descendimos para tomar rumbo sur y retornar con un
rasante hacia los puentes, nos pusimos en posición de flypass y
teníamos al puente en frente de nosotros al mejor estilo de un P-51 o un
Messerschmith 109… solo faltaban las bombas, antes de llegar al puente
el Cap. viró escarpadamente a la derecha y comenzamos ascender de vuela
mientras notábamos las personas en las riberas con sus cabezas mirando a
nuestra dirección.
Ascendimos de vuelta
a FL025 para regresar a Viru Viru y realizar el toque y despegue pero
la torre nos lo negó alegando que no estaba contemplado en el plan de
vuelo; fue cuando ascendimos a las nubes y comenzamos a sobrevolarlas
entrando y saliendo por cada una de ellas. En vista que nos negaron el
toque y despegue, pusimos rumbo suroeste para llegar a las lomas de
arena que no se encontraban demasiado lejos de nuestra posición y
llegamos en cuestión de minutos.
Un Cessna 150 de
PROBOAL se encontraba realizando tareas de entrenamiento en la zona,
aparecimos por el oeste y otra vez como un caza de la Segunda Guerra
Mundial nos pusimos a las 6 de su posición y lo sobrepasamos, “cruce positivo” notificaron a la
torre (notificación que nosotros debimos comunicar, truncada por la
velocidad).
El Piper Saratoga es
un aeroplano bastante rápido, y una vez que culminamos el sobrevuelo
sobre las lomas de arena nos dirigimos al norte con rumbo a la ciudad
para sacar más fotografías, teníamos el permiso de sobrevuelo por Santa
Cruz aprobado, así que alertamos a los amigos que trabajan en el
Aeródromo de San Aurelio para que se preparen ya que veníamos con otro
flypass o rasante por encima del aeródromo; otra vez nos encontrábamos
en el umbral de la pista 33 de San Aurelio y descendimos hasta lo que
parecieron 100 metros mientras se veían a los amigos saludando con
banderines.
El capitán Andrés
levantó la nariz y en breves minutos estábamos sobrevolando el primer
anillo y el centro de Santa Cruz, donde observábamos algunas facetas
propias de la ciudad como el avión pirata y el estadio. Mientras
transcurrían estos breves instantes de sobrevuelo, giramos al oeste para
dirigirnos un barrio en las afueras de Santa Cruz llamado “Lomas del
Urubó”.
Entramos por el
norte al Urubó y luego giramos escarpadamente con rumbo izquierdo hacia
el sur donde descendimos varios metros, las gravedades podían sentirse a
flor de piel debido al viraje y a la caída que suponía dicha maniobra,
afilados una vez más, sobrevolamos la zona con un gran ángulo de ataque
y a una velocidad considerable; giramos de vuelta hacia el norte
nuevamente sintiendo las gravedades y enfilándonos para poder apreciar
el puente con el cual este barrio está conectado a la ciudad de Santa
Cruz.
Finalizados nuestros
vuelos bajo y giros escarpados, se suponía que debíamos haber continuado
con rumbo sur para alcanzar La Guardia, a unos 15 kilómetros a suroeste
de Santa Cruz, pero en ese momento se vino un temporal precisamente por
la parte suroeste por lo cual decidimos corregir el rumbo y completar un
“final largo” por la pista 15 de SLET.
Con una potencia
aceptable para el aterrizaje, el Saratoga bajó el tren y autorizados
para aterrizar lo hicimos de una manera mínimamente fuerte considerando
que ya veníamos un tanto pesaditos y quizás similarmente con el mismo
peso de despegue que ya se había tenido.
Aterrizamos sin
ningún contratiempo, y antes de reducir la velocidad el Saratoga se pasó
un largo trecho de pista hasta llegar a la primera calle de rodaje que
viene desde la pista 33, donde giramos y retornamos al hangar, de esta
forma el paseo terminaba.
Llegamos a la
plataforma de Aeroeste. El personal y Sr. Monasterios Jr. nos
aguardaban, se redujo la mezcla al mínimo con lo que el motor del Piper
Saratoga se apagó. Algunos de nosotros teníamos un leve mareo producto
de los giros acaecidos encima del Urubó, dignos de un avión con tanta
potencia como es el Saratoga; posteriormente comenzó la avalancha de
fotografías, comentarios, anécdotas y respiros.
De esa forma
concluía un vuelo que cierra con broche de oro una visita más a Santa
Cruz, matizada por el encanto de sus bellas mujeres, y una por haber
satisfecho la fascinación por la aviación existente en nuestros
corazones; el caminar por los cielos en un nuevo aeroplano; un día más y
bien cumplido. Al día siguiente me tocaba volver a la ciudad de La Paz.
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