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Actualización más reciente 21 de Octubre de 2011

CNL. DAEN. Edmar Paravicini Azero:

Pionero en la Formación del Cuerpo de Aviación del Ejército Boliviano

Conocer y hablar con los protagonistas de cualquier “historia oficial” nos permite acceder a detalles y matices que, de otra forma, se perderían con el tiempo. En este caso, aviaciónboliviana.net tuvo la oportunidad de conversar con el Cnl. Edmar Paravicini Azero, uno de los pioneros de esta especialidad, logrando una entrevista que enriquece nuestra comprensión acerca de la formación del insigne Cuerpo de Aviación del Ejército.

© Erich Kierig Calvo

 

Cap.  Edmar Paravicini al mando del FAB-730. Al fondo, Cap. Echalar, GA-51, Fuerza Aérea Boliviana, 1984. (Foto cortesía: Cnl. Paravicini)

 

I. Introducción.

 

Oficialmente, el Departamento Aéreo del Ejército fue creado el 15 de agosto de 1981, sin embargo la “Sección G - Apoyo Aéreo”, como entidad operativa, comenzó a funcionar en 1986 con un helicóptero LAMA-315-B, Matrícula EB-201.

 

Los oficiales, Cap. Inf. Edmar Paravicini Azero, Tte. Inf. Juan Villalpando Monje y el Sof. Téc. Javier Saravia Fagalde, se constituyeron, no solo en su  primera tripulación, pero la semilla, que con el tiempo; coadyuvaría a la consolidación dentro del Ejército Boliviano de un componente aéreo propio.

 

Conocer y hablar con los protagonistas de cualquier “historia oficial” nos permite acceder a detalles y matices que, de otra forma, se perderían con el tiempo. En este caso, aviaciónboliviana.net tuvo la oportunidad de conversar con el Cnl. Edmar Paravicini Azero, uno de los pioneros de esta especialidad, logrando una entrevista que enriquece nuestra comprensión acerca de la formación del insigne Cuerpo de Aviación del Ejército.

 

Con un bigote que lo caracterizó durante casi toda su carrera militar, Paravicini no disimula su profesión, pues al momento de nuestra entrevista entalla la típica chaqueta de piloto con insignias aéreas y su departamento ostenta orgullosamente, fotografías, modelos de aviones a escala y su preciado casco de piloto que entre muchos otros recuerdos, atestiguan su carrera en la aviación militar.

 

II. Militar por tradición, aviador por vocación.

 

Respecto a sus inicios en el ejército, nos cuenta: “Mi carrera fue muy rara, muy especial. Yo hice el Colegio Militar del Ejército y egresé en el año de 1970. Toda la vida me gustó la aviación, desde que era niño. Mi padre, general del ejército, quería que yo siga la tradición familiar, que yo fuera oficial del ejército”.

 

Es así que luego de egresar del Colegio Militar del Ejército (COLMILEJ) como comando especial -Promoción Rubén Amézaga- en su tercer año como teniente, se perdió definitivamente por la aviación. “Tuve la suerte de encontrar un amigo que me enseñó a volar en la Escuela de Aviación TAURO. Hice el curso por mi cuenta ya que pedí permiso a mis superiores para cursar estos estudios, pero la posibilidad me fue negada. Despertaba a las  4:00 am para irme a volar hasta las 7:00 am y luego continuaba mi vida como oficial del ejército. Y así fue, durante unos 4 años más, luego surgió la idea en el ejército de hacer una unidad especial de aviación”. 

 

Efectivamente, a través del Depto. I de Personal del Estado Mayor, el Alto Mando fue informado de la existencia de varios oficiales que habían hecho el curso de aviación civil, entre los cuales figuraban Juan Villalpando y Edmar Paravicini. Resultaba obvio que para materializar la idea de conformar un Cuerpo de Aviación del Ejército, una de las primeras tareas pasaba por instruir a estos oficiales en todo lo referido a la aviación militar.

 

 “Se tenía la idea de enviarnos becados a Israel para hacer un curso, pero finalmente no pudimos realizarlo ya que nos enteramos que la Fuerza Aérea se opuso, seguramente porque no quería la conformación de otra unidad de aviación, menos del ejército”. No sabemos a cabalidad los detalles de las negociaciones que se llevaron a cabo entre ambas fuerzas, pero finalmente los mandos del Ejército y de la Fuerza Aérea acordaron que los oficiales escogidos debían realizar el curso de aviación militar en la Fuerza Aérea Boliviana.

 

De todos los oficiales identificados como pilotos y luego de un proceso de selección realizado en el GAC-31 en El Alto,  solamente, Villalpando y Paravicini fueron habilitados, el primero con destino al GA-51 en Cochabamba  donde se volaban helicópteros y, el segundo, al Colegio Militar de Aviación de Santa Cruz. Cabe recalcar que Villalpando previamente había tomado parte en un curso de helicópteros en la República de Francia.

 

“…éramos pocos e íbamos contra la corriente”. Graduación de pilotos del Ejército en el COLMILAV de Santa Cruz, 1987. De izquierda a derecha: Tte. Juan Márquez y Sbtte. Edgar Peralta.   Cap. Ejto, Paravicini acabando el curso básico COLMILAV Santa Cruz, 1981. (Foto cortesía: Cnl. Paravicini)

 

III. Flotando entre ambas fuerzas.           

 

Paravicini nos relata que su paso por el Colegio Militar de Aviación (COLMILAV) en Santa Cruz fue muy difícil; en primer lugar, por el natural desdeño que sufrió como oficial del Ejército, por parte de algunos cadetes y oficiales de la Fuerza Aérea.

 

Sin embargo, para su graduación ya se había hecho apreciar y pudo concluir exitosamente el entrenamiento. Egresó del Colegio Militar de Aviación en el año de 1981, a la espera de un destino y siempre en contacto con su camarada y hermano Villalpando. Ambos se preguntaban qué les depararía el futuro en este experimento que los mantenía como  “flotando” entre el  Ejército y la Fuerza Aérea.

 

Por lo pronto, se habló de la posibilidad de que Paravicini sea incorporado a Transportes Aéreos Militares (TAM), pero una orden del alto mando lo destinó al GA-51 en Cochabamba, lo que le permitiría realizar el curso de helicópteros. “¡Otra vez alumno!”, exclama, acotando “(…) seguramente en reunión del nuevo alto mando se preguntaban, ¿y qué hacemos con estos dos? Bien (…), que se queden en la Fuera Aérea. ¡Y me fui al GA-51!...” Esta decisión marcaría su vida, pues lo relacionaba con los helicópteros, aeronaves que voló durante buena parte de su carrera militar.    

 

Una vez en Cochabamba, en el seno del GA-51, el Cnl. Paravicini nos confiesa en retrospectiva que el tránsito de ala fija a ala variable fue un desafío extremo para él. “No le hacía… tenía más o menos unas 16 a 18 horas y todavía no había soleado. El helicóptero es un bicho muy especial, uno tiene que tener brazos y piernas en constante movimiento y coordinación y es una cosa tan sensible en comparación al ala fija. Esta parte me costó muchísimo. Fue Juan Villalpando y el Tcnl. Ángel Estevez, Comandante del Grupo Aéreo, quienes se encargaron de ayudarme e instruirme, luego de mucho esfuerzo, conseguí  salir adelante y nos quedamos como pilotos del GA-51 en Cochabamba. ¡En definitiva, era como si fuéramos de la FAB!

 

Esta afirmación se hace más evidente, pues con el paso del tiempo, la carrera  militar requiere que los oficiales tomen parte en las diferentes escuelas. “Ya cuando yo era  mayor, vinieron las escuelas. Como piloto yo debía hacer el curso de Escuadrón primero y luego el de Estado Mayor. ¡Pero yo era del ejército…. y también de la  Fuerza Aérea!”.  Este testimonio denota la gran contradicción que existía en ese momento y, por supuesto, la incertidumbre que conllevó el proceso de construcción del Cuerpo de Aviación del Ejército.

 

Nos muestra también que, si bien existió una intencionalidad manifiesta de conformar esta unidad de aviación, el proceso no estuvo exento de improvisaciones y, hasta cierto punto, no fue algo que todos en el Ejército conocían. Prueba de ello, en ocasión de la visita de un General de Ejército a las instalaciones del GA-51 en Cochabamba, éste militar de alto rango tomó como una impertinencia, hasta como una broma de mal gusto merecedora de un arresto, el hecho de que Paravicini le diera parte como oficial del Ejército y piloto al mismo tiempo.

 

Finalmente, Paravicini realizó las escuelas de Escuadrón Aéreo y Estado Mayor Aéreo en la FAB y la Escuela de Aplicación de Armas, Curso Básico, en el Ejército. En definitiva, se estaba construyendo la curricula del aviador militar de ejército a fuerza de experiencia y vivencia de dos de sus componentes.

 

Izq.: Cap. Edmar Paravicini todavía como piloto del GA-51, Fuerza Aérea Boliviana, Cochabamba, 1984. Der.: Soleo en Lama,  instalaciones del GA-51, Fuerza Aérea Boliviana en Cochabamba, 1983. (Foto cortesía: Cnl. Paravicini) 

 

IV. Etapa de Consolidación.

 

El año de 1986 representa un hito en la consolidación del Cuerpo de Aviación del Ejército ya que, la  Sección G - Apoyo Aéreo iniciaba operaciones desde su nueva base de operaciones en  el Patio de Honor del Gran Cuartel General de Miraflores.

 

Otro hito en la consolidación de este unidad fue la autorización, por parte del Alto Mando, para la adquisición de un helicóptero Lama 315B. Esta aeronave, de procedencia francesa, fue comprada totalmente nueva y ensamblada en el GA-51 de Cochabamba. La incorporación de este material de vuelo respondía a la experiencia y entrenamiento generado a nivel de la FAB, pero también al probado desempeño de este helicóptero a elevadas alturas.

 

El Aeroespacial SA-315B Lama, helicóptero multipropósito, fue concebido en respuesta a un requerimiento del ejército indio, comenzando a operar en marzo de 1969. Durante los vuelos de ensayo, esta aeronave elevó a dos tripulantes y 140 kg de combustible, realizando los aterrizajes y despegues más altos registrados hasta ese entonces, a una altitud de 7.500m (24.000 pies) [1]. Esta noble y versátil aeronave, caballo de trabajo de la FAB durante muchos años, acompañaría la carrera de Paravicini durante más de una década.

 

Consultado sobre las prestaciones de la aeronave y acerca de su experiencia al mando de ésta, su respuesta corrobora la bien lograda fama del Lama, pero su voz denota también un cariño especial hacia este bicho y una nostalgia que solo puede comprenderse cuando se observan las más de cuatro mil horas registradas en su bitácora de vuelo.       

 

Posteriormente, esta unidad se trasladaría definitivamente a las instalaciones de la antigua Escuela de Pilotaje Turbo Ltda., ubicadas en el Aeropuerto Internacional de El Alto, incorporando para esa fecha dos aeronaves ejecutivas más. Durante el tiempo que le tocó cumplir funciones como aviador militar del Ejército, el Cnl. Paravicini realizó innumerables misiones de: transporte de personal; transporte ejecutivo (tuvo como pasajero a Víctor Paz Estensoro en ruta hacia Uyuni y Colchaká);  misiones de enlace, de rescate y, en ocasiones, misiones especiales de observación y disuasión (Paravicini voló el Lama EB-201 en ocasión de la marcha de protesta de mineros en 1986  por el cierre de las minas de estaño). Finalmente, misiones de entrenamiento a paracaidistas.

 

Estas operaciones aéreas, no solo cumplían con las tareas encomendadas por la superioridad, sino que también constituían una fuente de ingreso económico para el Estado Mayor ya que las aeronaves también eran contratadas por organizaciones o personas de la sociedad civil. Esta febril actividad, de acuerdo al coronel, justifica por sí misma la existencia y perfeccionamiento del Cuerpo de Aviación del Ejército.

 

Comando de la Aviación del Ejército. Oficiales de izquierda a derecha: My. Paravicini; My Altamirano; Gral Cordero; Cap. Villalpando, Tte. Marquez; Sof. Saravia, El Alto, 1987.

EB-201 en uno de sus incontables vuelos por los cielos de Bolivia. Instalaciones del Cuerpo de Aviación del Ejército, El Alto, 1990. Se aprecian de derecha a izquierda: Lama 315B, Beechcraft B-200 y   Beechcraft C-90. (Foto cortesía: Cnl. Paravicini)

           

V. Vivir como si fuera el último día.

 

De todo este bagaje de experiencias, le pedimos al Cnl. Paravicini nos relate algunos de los episodios más anecdóticos de su carrera y nos comente, por ejemplo,  acerca del rol que ve en el futuro para la aviación del ejército.

 

Por ejemplo, cuando le comentamos que sabíamos que pilotos bolivianos del ejército recibieron entrenamiento en Ecuador en sistemas de misiles anti-tanque desde helicópteros Gazelle, la pregunta obvia que nos hacemos es, ¿Será que ese tipo de sistemas llega a utilizarse en Bolivia algún día? Para sorpresa de quien escribe, su testimonio nos brinda un curioso y poco conocido antecedente que involucra misiones de entrenamiento llevadas a cabo por pilotos de la FAB y del Ejército Boliviano con helicópteros Lama artillados.

 

Paravicini nos relata: “…en el GA-51 recibimos instrucción en pilotaje de helicópteros de combate. Llegamos a realizar disparos desde el Lama con coheteras Mamboretá, en Cochabamba teníamos un polígono en Totora donde practicábamos y volábamos en escuadrillas de combate. En Santa Cruz lo mismo, el polígono que utilizábamos estaba en las Lomas de Arena. Los técnicos de aviación de la FAB, supervisados por el Cnl. Estévez que había realizado estudios en Estados Unidos, instalaban un sistema de puntería al lado derecho del helicóptero, que era nivelado en tierra, para luego se utilizado en instrucción de combate. Otra función que tenían los helicópteros era la de ubicar objetivos para los aviones de caza (T-33 y F-86), nosotros dábamos las coordenadas y guiábamos a las aeronaves hasta el blanco”.

 

Respecto al entrenamiento de oficiales en Ecuador, el coronel recuerda a los Subtenientes del Ejército Boliviano, Frías, egresado en ese país y Mackay, enviado durante su comando al Ecuador para realizar este curso. Lastimosamente, una vez que ellos retornaron a Bolivia, ante la falta de helicópteros, no tuvieron oportunidad de continuar perfeccionando estos conocimientos ni de transmitirlos. 

 

Sobre sus vivencias como piloto de Lama, queda grabada en su memoria una experiencia muy importante en su carrera y que habla muy bien de la pericia y el valor de los pilotos bolivianos. 

 

El 31 de diciembre de 1985, el vuelo 980 de Eastern Airlines, un Boeing 727-225, procedente de Asunción del Paraguay en aproximación al entonces Aeropuerto Internacional John F. Kennedy,  impactaba contra el nevado Illimani de 21.000 pies, con el lamentable saldo de  19 pasajeros y 10 tripulantes muertos [2]. A la fecha, por la magnitud del impacto y la casi nula accesibilidad al lugar, este accidente todavía no ha sido totalmente esclarecido. Lo relevante de este relato es que militares norteamericanos llegaron al país con un par de aeronaves UH-60 con la finalidad de realizar vuelos de reconocimiento del sitio.

 

El Cnl. Parvicini nos habla sobre su encuentro con estos militares: ¡¡Nos miraban a mí y a Villalpando, como a ratas…!!! (…) nos tocó cumplir una misión de acompañamiento de las aeronaves americanas hacia el Illimani, Villalpando en un Lama de la FAB y yo en el Lama del Ejército. Salimos de Mallasilla hacia la montaña. Cuando finalmente aterrizamos de vuelta en El Alto, la historia había cambiado totalmente. Estos tipos llegaron, a duras penas,  hasta la mitad del nevado y sufrieron mucho por los vientos y el clima, nosotros llegamos a sobrevolar hasta los mismos picos del Illimani. Una vez en tierra, el Comandante de la unidad de pilotos gringos nos felicitó y nos  llenó de gentilezas y cumplidos por el vuelo que realizamos”.

 

Consultado acerca de los riesgos que conlleva la aviación, sobre todo la militar, Paravicini nos confiesa que esta incertidumbre lo afectó muchísimo, a él y a su familia: “¡…cuando nos despedíamos, de repente era para no volvernos a ver nunca más!” Pero esta incertidumbre se hizo más evidente, sobre  todo, en momentos en los cuales debió cumplir la penosa tarea de ir a recoger a los compañeros caídos en el cumplimiento del deber.  El Coronel  prefiere no referirse a estos episodios de su carrera.

 

En lo que respecta a su propia experiencia, recuerda dos graves incidentes que tuvo, el primero en 1983 cuando le tocó realizar el recorrido La Paz – Sucre, en el Lama FAB-730. Por razones que no logra explicarse todavía, se le comunicó por radio que debía realizar un desvío fuera del plan de vuelo. “Se nos acabó el combustible y cuando descendíamos de emergencia,  impactamos en un cable, por suerte a baja velocidad. Por radio nos cambiaron el plan de vuelo y por eso tuvimos que desviar con el consiguiente consumo de combustible no planeado”. 

 

Aterrizaje forzoso en Sucre en el FAB-730. (Foto cortesía: Cnl.  Paravicini).

Curiosamente, el FAB-730 fue la última aeronave Lama de la FAB, se perdió en un lamentable accidente en el cerro Challviri, entre Sucre y Potosí en 2009, falleciendo el coronel retirado Carlos Ismael Echalar Cardona y el suboficial técnico 2do Saúl Calle Crispín[3].

 

El coronel nos habla también acerca de un vuelo en 1987 con destino a la localidad de Apolo, cuando por efecto de un vacío, el helicóptero cayó cuando franqueaba la cumbre. En sus palabras, “…un descenso tan violento, al punto de que el segundo ocupante del helicóptero perdió el conocimiento. Como para cualquier piloto de ala fija, pasar la cumbre es muy complicado. Metros antes de llegar impactar el cerro, sentí que el helicóptero ganaba nuevamente sustentación y logré aterrizar, con mucha suerte, encima de un bloque de nieve, por lo que el impacto no fue tan fuerte”.

 

Por supuesto que la aviación tiene sus riesgos, pero ¿Será que en Bolivia es aún más arriesgado por factores como el mantenimiento, la falta de presupuesto, etc.? Paravicini responde: “Yo me saco el sombrero por los mecánicos de aviación bolivianos, lo que es muy complicado son las condiciones climáticas y  la geografía del país.  Pasar la cumbre, aterrizar en Sucre, Tarija es complicado. En Camiri, por ejemplo, el viento, las nubes tienen velocidades traicioneras. (….) cuando nació la unidad de aviación del ejército, éramos 13 pilotos. Posteriormente ya fueron más, pero la primera camada fueron 13 de los cuales  han muerto 10. Quedamos Pato Márquez, Orlando Jiménez y mi persona…”.

 

¿Qué pasa con el Sof. Téc. Javier Saravia Fagalde,  supongo que él también tuvo un aporte significativo en la creación del Cuerpo de Aviación del Ejército? “Si, además que era un excelente mecánico de ala fija y rotatoria, pertenecía a la Fuerza Aérea. Ahora ya está jubilado. Teníamos una relación muy especial con él, era todo un ícono y llegó a ser Director de AASANA Departamental. Viajábamos a todo lado con él ¡¡Nos trataba como a sus changos y siempre que volábamos a todo el país, se hacía pasar por nuestro superior…!!

 

VI. Opinar, pero con conocimiento de causa.

 

My. Paravicini al mando del EB-201. Entrenamiento de unidades especiales, Colegio Militar del Ejército, La Paz, 1988.

Continuamos nuestra entrevista: ¿Qué le puede decir a aquellas personas que no ven lugar para la aviación del Ejército ya que existe la FAB?: “Las brigadas aéreas de ejército argentinas, chilenas, ecuatorianas son una belleza”, exclama,  “…nuestro país es pequeño, sin menoscabar a la FAB, el ejército debe tener capacidad aérea y un grado de independencia de la Fuerza Aérea”.

 

Sobre el tema nos menciona interesantemente que, en tiempos en donde más marcada era la rivalidad entre ambas fuerzas, los pilotos del Ejército tenían el temor de ser eliminados de los cursos de aviación en la Fuerza Aérea. Por ello,  es enfático respecto al futuro de la Aviación del Ejército: “…como en todas las fuerzas armadas de Latinoamérica y el mundo que se consideran modernas, nuestro ejército debe tener capacidad aérea en base a helicópteros, aviones de transporte y  ataque. Lo mismo, va para la Armada Boliviana, inclusive para la Policía Nacional”.

 

Una vez que terminó su carrera militar, ¿tuvo usted oportunidad de seguir volando en el ámbito civil?: “Tuve muchas oportunidades, inclusive volví a volar en el Lama EB-201 que ahora es  civil. ¡Casi me pongo a  llorar…..! Pero por cuestiones de la familia por el peligro que pasé en mi vida de aviador, no estoy activo”. Cabe remarcar que la aeronave en cuestión se encuentra en poder de la empresa HELIMAR, en Santa Cruz.

 

¿Cuál es la moraleja de toda su experiencia?: “La enseñanza para volar aeronaves de ala rotatoria es muy cara, la única posibilidad sería en las Fuerzas Armadas, a no ser que sea gente de mucho dinero. Es una carrera de riesgos, pero gratificante. Quién les habla puede dar testimonio de los extremos que uno vive. Existe una gran demanda de helicópteros en Bolivia, pero hay pocos pilotos y pocas aeronaves. Algunos de mis  compañeros, llegado el momento, prefirieron continuar su carrera militar en pos de los ascensos. Yo prioricé la aviación,    prioricé volar…pero lo más importante, yo le di el inicio de la aviación de ejército a mi ejército. Yo creo que mi misión y mi trabajo deberían tener valor”. Y termina con una anécdota que contrasta mucho con el rechazo que vivió inicialmente a nivel de la Fuerza Aérea: “…cuando yo iba a ascender a general, la mayor parte de los que me apoyaban eran pilotos de la FAB”.  

 

VII. Lecciones aprendidas.

 

El relato del Cnl. Paravicini no solo brinda interesantes detalles acerca de la formación del CUERPO DE AVIACIÓN DEL EJÉRCITO BOLIVIANO -lo cual ya tiene mucho valor- sino que también incorpora lecciones de vida, así como valiosas lecciones de carácter institucional.

 

En primer lugar, nos muestra que valores como la familia, la camaradería, el sacrificio y la perseverancia  son sólidos pilares sobre los cuales se construye el éxito. Nos enseña también que, hacer lo que uno ama es hacerlo bien y que construir, aunque difícil, es gratificante.

 

Desde un punto de vista institucional nos enseña que, sin importar si uno es del Ejército, la Fuerza Aérea o la Naval, el componente aéreo es un elemento muy importante dentro de las fuerzas armadas modernas. En este sentido,  la construcción y perfeccionamiento de la Aviación del Ejército en Bolivia debe ser considerada como un objetivo prioritario a nivel de la Fuerzas Armadas Bolivianas, este objetivo debe ser reconocido y apoyado en el tiempo desde el Estado y la sociedad civil. Pero esto no es una cuestión de simples voluntades y esfuerzos individuales, sino que pasa por algo mayor, cual es la construcción de una verdadera conciencia colectiva en torno a la seguridad y defensa del Estado.

 

En ocasión del XVI Aniversario de la estructuración de la Compañía de Aviación del Ejército “1” López a festejarse este 29 de octubre de 2011, aviaciónboliviana.net envía sus más sinceras felicitaciones a esta Unidad, deseándoles éxitos y  progreso  al servicio a la Patria.

 

Finalmente, extendemos un agradecimiento especial al Cnl. DAEN. Edmar Paravicini Azero por su tiempo y predisposición a la entrevista. Para sus hijos Kurt, y Enzo, mil gracias por las gestiones y por ser asiduos visitantes de nuestra página.

 

Primera tripulación del Cuerpo de Aviación del Ejército. Desde la izquierda: Cap. Inf. Edmar Paravicini,  Tte. Inf. Juan Villalpando y Sof. Javier Saravia. La Paz,  1986. Casa 212, EB-50. Al centro de cuclillas y con gafas, Tcnl. Paravicini rodeado de saltolibristas e instructores de paracaidismo, Cochabamba, 1989.  Derecha vestido de civil, Cap. Jorge Antequera, Aviador de Ejército. En primer plano, Aeronave Casa C-212, EB-50, de izquierda a derecha: My Tapia, Ing. William Long S. y Tcnl. Paravicini, Cochabamba, 1989.

 

Referencias:

 

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/A%C3%A9rospatiale_Lama
[2] http://aviation-safety.net/database/record.php?id=19850101-0
[3] http://www.laprensa.com.bo/noticias/04-10-09/noticias.php?nota=04_10_09_alfi3.php

 

 

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