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Fecha de publicación original 10/29/08 - Actualizado 19 de Julio de 2011

 

 

Fuerza Naval Boliviana: Comandos Anfibios

El mar es nuestro por derecho, recuperarlo es un deber

© JRO

 


Reseña


El Centro de Instrucción de Comandos Anfibios fue creado por Resolución de la FNB No. 010/2001, el 02 de Junio del 2001. Su sede es la localidad de Chaguaya en el departamento de La Paz asentado a orillas del lago Titicaca. Poco se conocía acerca de esta unidad que comparte características del curso Cóndor de la ESCONBOL pero se desarrolla de manera autónoma en la Naval. Para acceder a este curso es necesario primero hacer el curso de Buceo de Altura y preferentemente el curso de Comando del Ejército.
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(Revista Escape, Septiembre de 2007, Texto: Javier Badani Ruiz, Fotos: Pedro Laguna) El sonido más triste en Chaguaya proviene de una campana. Instalada en el patio del Centro de Instrucción de Comandos Anfibios, en el lago Titicaca, su tañir da la noticia de una derrota.


La última vez que tocó fue en agosto. Entonces, sirvió para que Peduco anuncie a sus camaradas e instructores que su sueño de formar parte del grupo élite de la Fuerza Naval Boliviana acababa de terminar. Por el resto de su vida, el oficial llevará grabado este fracaso. Pero no se trata del único. De los 35 oficiales y sargentos de la Armada que en enero iniciaron el curso de Comandos Anfibios, tan sólo cinco se mantienen física y mentalmente firmes en pos de culminar los nueve meses de ardua y exigente instrucción.


“Es el curso táctico-militar más difícil y largo de Bolivia. Los instructores somos duros con los alumnos, los llevamos al límite. Entendemos al cuerpo como una máquina que debe defender la rojo, amarillo y verde”, dice el capitán de Corbeta René Espejo, segundo comandante de esta unidad que forja especialistas en las operaciones militares de tierra, aire y agua.
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Son las 3.00. Ataviado con su traje de selva y con el rostro camuflado, Espejo, Comandante Pitón, y sus ocho instructores se preparan para iniciar el entrenamiento de los cinco postulantes que tanto en el altiplano como en las aguas del lago Titicaca ya han estirado su fortaleza física y emocional al máximo. Hoy, los parajes selváticos del trópico cochabambino y cruceño serán su hogar por un periodo que ellos desconocen.


Dominar el sueño es la tarea más difícil para Pesichi, en especial cuando su cuerpo debe sumergirse en las frías aguas del lago Titicaca, cuya temperatura en la noche alcanza dos grados centígrados bajo cero. “Hasta el hambre se puede controlar dominando la mente, pero luego de días sin dormir y con las bajas temperaturas de la noche, uno se arrepiente hasta de haber nacido”, suelta este sargento beniano que busca ingresar al selecto grupo de oficiales y sargentos de los Comandos Anfibios.


Creado el 2001, este grupo de élite de las Fuerzas Armadas brinda una exigente instrucción en buceo táctico, operaciones especiales en climas extremos de oriente y occidente del país y cursos de especialización en áreas como la de explosivos y de francotirador.


Conocido como La Fortaleza, su centro de operaciones se encuentra en Chaguaya, a unos 150 kilómetros de la ciudad de La Paz. Allí se inicia la instrucción física que devora cada semana hasta dos uniformes de los alumnos. En esta localidad se halla, además, el Centro de Instrucción de Buceo de la Altura, lugar donde los estudiantes aprenden a dominar las técnicas del buceo táctico-militar.


“Es en esta etapa donde realmente se merma el curso. Pasan horas bajo el agua. Hasta el organismo más preparado se rinde ante las bajas temperaturas del Titicaca”, explica Comando Drosea, uno de los 25 instructores de esta unidad. A sus 23 años, este alférez de la Naval se declara a sí mismo como un adicto a las experiencias extremas. Tanto es así, que luego de pasar este curso decidió quedarse y formar parte de los instructores.


“En el curso nunca sabes qué te espera; no hay día ni noche, no sabes en qué día de la semana estás. Siempre te encuentras al límite. Una vez, por ejemplo, los instructores nos soltaron por la noche a 20 millas de la costa del Titicaca, con la luz de un faro como única guía. Comenzó a granizar, a caer rayos y me separé del grupo. La neblina no me dejaba orientarme dentro del Titicaca... Nunca experimenté una soledad tal, pero se trataba de mi vida; así que nadé y nadé hasta que llegué a la playa”.


La fase de sobrevivencia es igual de dura y se inicia con la inserción de los alumnos y los instructores en áreas inhóspitas del altiplano y la selva por el lapso de cinco días.


Cada hombre sólo lleva consigo agua, sal —para charquear la carne de los animales— y fósforo. Estos elementos deben bastarle para sobrevivir. “Conseguir qué comer en el altiplano es bien complicado. Es un lujo hallar conejos o vizcachas, debes superar mentalmente tu hambre. En la selva las raíces y las frutas silvestres deben ser suficientes”, cuenta Comando Drosea.


Con lapsos de sólo 15 minutos de descanso, los soldados deben realizar marchas forzadas y continuas, de día y de noche, cargando equipos que llegan a pasar los 25 kilos. Los instructores recurren a tácticas sicológicas, como disparos y explosiones, para mantener sobresaltados a los caminantes. “Durante un patrullaje se olvidaron la brújula y los cinco días de entrenamiento se transformaron en 10. El sol, la luna y la corteza de los árboles nos tuvieron que orientar”, rememora Comando Pitón, mientras alista el ingreso de su gente a la selva cruceña desde Puerto Villarroel, Cochabamba.


“Somos el fuego que nunca se apaga... Hasta la victoria final”. Los secos labios de Tiburón mascullan el lema de los Comandos Anfibios. La frase no es casual. En caso de conflagración bélica, este grupo se constituye en el último recurso de la Armada.


Tiburón acaba de ingresar al monte luego de sortear varios obstáculos en la playa. No duerme hace 24 horas, pero su cuerpo, mimetizado con la naturaleza que lo rodea, reacciona como una antena ante cualquier movimiento. Tiene sed, pero espera sin siquiera pestañear a que alguna ave se pose en la exótica fruta que se halla frente a él. Quiere cerciorarse de que no es venenosa. Luego, sigiloso buscará comerlas sin que sus pausados movimientos se hagan perceptibles para el enemigo.


Como pasó con sus cuatro compañeros, Tiburón confiesa que en más de una ocasión estuvo a punto de pedir su baja, tocar la campana y abandonar el curso. “Como sucedería en una situación de guerra, aquí dependo de mis camaradas. Así, nos animamos todos para no rendirnos. Sabemos que dentro de la Naval es un orgullo haber pasado esta prueba; y si no, serás un motivo de vergüenza”, expresa el alférez. Pasará más de una hora antes de que una ave se pose en las jugosas frutas.


La fortaleza mental y física de estos hombres se forja a través de ejercicios. Incluso los castigos que se dan dentro de esta unidad están destinados a potenciarlos.


“La instrucción militar es de alto riesgo, requiere de mucha fuerza física. No podemos darnos el lujo de un error que puede costarle la vida al alumno o a uno de sus compañeros”, asegura Comandante Drosea, un experto en la utilización de explosivos bajo el agua.


Ya sea por un segundo de retraso en la consecución de una tarea o por no estar uniformado correctamente, cada instructor tiene la potestad de castigar a un alumno con varias series de ejercicios físicos. Cada serie dura al menos 15 minutos y un postulante puede llegar a acumular hasta 30 series.


Trote en una pista de arena, flexiones y abdominales, entre otros, son parte de los ejercicios que deben ser ejecutados después de la dura instrucción diaria que en muchos casos culmina a las 22.00.


La disciplina es vital durante la instrucción. Cuando las prácticas se realizan en Chaguaya, los alumnos tienen un día a la semana, el domingo, de descanso. Entonces se les permite visitar a sus familias. “Cuando estás en casa no puedes dormir, estás tan acostumbrado a la rutina que cualquier sonido te exalta”, asegura el Trujas. Dentro de unos minutos, el alférez Trujillo se perderá con sus cinco compañeros en la selva cruceña. Allí los esperan nuevos retos, ocho instructores y una campana que espera anunciar otra derrota.

Otras imágenes

Algunas imágenes de la unidad de Comandos Anfibios obtenidas de fuentes públicas:
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Fotos: Instructores de la unidad de Comandos armados con fusiles Galil, rifles de precisión Dragunov, morteros de 60mm y RPG.

 

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